lunes, 18 de marzo de 2013

Azaleas.

Me duele la lengua de tanto querer lamerte, saborearte y probar tu piel. Me duele la lengua de querer que seas mi lija para yo ser tu terciopelo, me duele lengua de quererte, de quererte bien. Y me duelen los labios y los dedos por soñar con acariciarte demasiado, hasta desgastarte la piel, hasta desgarrarte la piel, hasta destrozarme el alma. Porque yo podría recorrerte hasta quedarme sin alma, al menos una noche, llenarme de valor y robarte un beso, dejarme mi vida y mi aliento en eso y probar, de una vez, tu infierno. Aunque infierno es lo que me haces vivir con tu escandalera, tus ruidos de risas y de primavera, infierno me haces, a infierno me hieres, no juegues más, no juegues.Y qué voy a contarte que no sepas, que no te haya desabrochado con todas las cremalleras, que no te haya demostrado con todas las noches en vela, qué más quieres que ya no tengas. ¿Reírte un poco? ¿Soñar también? Calla esa mirada perversa y traviesa y déjame, líberame de tus piernas. De tus ideas, de tus locuras, de tus idas de cabeza, de tus mañanas frías y tus noches traicioneras, del alcohol, de las batallas, las peleas, las docenas, las amapolas, los cipreses, los crisantemos, las azaleas, los colores, la sangre y las cerezas. Deja de jugar con mis instintos y déjame sentir, sola, fría y pequeña.

Pequeña


¿Adónde vas, pequeña? A un mundo infernal donde poder consagrar tu cuerpo.
¿Por qué lo haces? Porque me ha convertido en su esclava. Me ha atrapado entre sus brazos.
Ven conmigo y deja que tu calor se convierta en el mío. Arrópame para que pueda desvanecerme entre tus sábanas.
¿Y este es tu infierno? Este es mi cielo, mi paraíso, adonde tú, mi pecado, me has condenado.

¿En qué piensas, pequeña? En este lugar, testigo de todos nuestros prohibidos encuentros. En este silencio, sugerido por besos robados, por besos apasionados.
¿Y todo eso, lo externo? Todo eso desaparece, se hace invisible a nuestras tentadoras miradas, a nuestros seductores cuerpos.
¿Y por qué te estremeces? Es agradable el tacto de tus manos recorriendo mis caderas, recorriéndome entera. Mi piel se altera hasta llegar al escalofrío, porque sabe que mi cuerpo ya no es mío, ahora ya tiene otro dueño.

¿Por qué te gusta este olor a tierra mojada? Me gusta que llueva cuando me abrazas, desaparezco bajo el inmenso manto de gotas, y tú me encuentras. Me gusta que huela a frío, que nos envolvamos en la cama. Como también me gusta esta olor que quedas en la habitación, tu aroma, el que dejas en el viento, el que hace los recuerdo es mi ropa.

Pero, ¿esto es real? Cariño, esto es un sueño, un sueño real. Donde el destino ya no juega conmigo, donde no dependo de él, dependo de ti. Porque ya no soy suya, soy tuya.

Y despertó, y volvió a la realidad, volvió  a llorar y a fumar. Volvió a mirar a solas desde las ruinas de su vida por la añeja y derruida ventana. Y ya no aguantó, y cayó, cayó en un rojo mar que iba inundando todo ese sufrimiento ahora ya perdido y olvidado. Y lo hizo sin delicadeza, sin estremecerse, ni siquiera aquél pedazo de cristal entre sus venas hizo que el dolor volviera y la detuviera. Y si él ya no estaba con ella, ella ya no estaría.


Cioccolato nero (@fatimafva)

martes, 12 de marzo de 2013

¿Es cierto que esta vez te quedas?

Este humo está aquí para quedarse. Una parte de mí dice que eres peligrosa y la otra dice que simplemente eres demasiado difícil de encontrar, dímelo tú, ¿de dónde sales?
Este día no tiene final por eso tú y yo ya no tenemos noches, este invierno se va a quedar por eso perdimos la primavera, este dolor vuelve a aflorar porque la sangre ya brota por mis venas, este calor vuelve a quemar porque tus ojos se han vuelto arena, mi voz vuelve a desgarrar porque tus ladridos me han dejado de pena, tu color vuelve a teñir y tus labios vuelven a ser mi enredadera. ¿Dónde te habías metido?
Mis sábanas se vuelven a mojar y con ellas tus respuestas, tus manos me vuelven a acariciar y tus piernas me esperan contentas, tu sonrisa vuelve a reinar y yo me muero con ella, nosotros nos miramos así, cicatrizando condenas. ¿Es cierto que esta vez te quedas?
Tenue mis suspiros revelas, tenue, contra mí cuerpo en esta cama te rebelas, y destruyes mientras creas en la infinita maravilla de tus caderas, ah, y te grito una y otra vez, ¿dónde cojones metiste la primavera?
Fría me marchitas y me exasperas, fría me vomitas y me recuperas, fría, inerte, perdida, muerta.

Fdo: Chocolat Blanche (@Lau12Primavera)

Sin vida


Mátame ya por fuera, porque por dentro ya lo has hecho.
Ya no tengo vida, mis cenizas se han apagado como el día, como cuando el sol se esconde.
No jures que ya has vuelto, que aún tus pies no han pisado este suelo. Y ya lo has vuelto a hacer, a prometer, que volverás con besos guardados y abrazos acumulados. De nuevo te irás con mi querer.
Deja ya de mentir diciendo que solo me amas a mí.
¿Adónde vamos con tanta prisa? A ninguna parte. Y ya pasé, y ni siquiera intentaste atarme. Ni si quiera intentaste amarme.
Mátame definitivamente y que mis ojos dejen de brillar, porque no quiero que vuelvan a formar parte  de un nuevo amanecer. No quiero más mares de engaños. No quiero quererte más.
Tú, que siempre mentías y llenabas de frases bonitas mis oídos. Formando parte de mis recuerdos, y que no eran más que papeles de nuestra propia película, en la que participabas a solas.
Déjame marcharme. Porque ya solo queda mi presencia, entre ruinas y lluvia constante. Entre nubes grises y mares en los ojos, entre flores marchitas y el viento poderoso, llevándose pétalos, quitándome así un pedazo más de vida.
Y que aunque  aún respire, o mis ojos te miren, acaba con todo esto.
Mátame por fuera, hazlo ya, haz que descanse en paz, haz que no te quiera más.

Cioccolato Nero (@fatimafva)

viernes, 8 de marzo de 2013

Lorely.


Lorely era una muerta en vida. Cuando yo la conocí, sus ojitos negros ya apenas brillaban. Parecía un fantasma, blanca como la nieve, casi transparente. Lucía siempre vestidos blancos o negros, como ella. Su cabello era azabache y largo, muy largo, llegaba hasta la cintura. Lorely era frágil y enfermiza, se desmayaba con una facilidad pasmosa, pero en su ser escondía una gran fuerza. Un día mientras Lorely tocaba el piano, me senté a observarla. Su rostro era pura armonía, sus pequeños y rosados labios le daban algo de vida, sus ojos permanecían inertes, sus finos dedos que completaban una pequeñísima mano, se deslizaban entre las teclas, apenas se los veía, se confundían con el marfil. También tuve ocasión de ver a Lorely en la ventana una tormentosa tarde. Centraba los ojos en el bosque ajena a la tormenta que se cernía sobre este. Entonces vi un hálito de vida en la negrura de su iris. Incluso creí que había esperanza para aquel etéreo ser en este mundo. Sus dieciséis años eran muy distintos a los de cualquier mujer,  Lorely siempre estaba leyendo, tocando el piano, mirando por la ventana o mirándome a mí. Me miraba cada día como si no me hubiera visto antes, un día se me acercó y susurró que no había mayor belleza que la de mis labios, sonreí y la besé, fue nuestro primer beso, Lorely nunca había besado antes y yo era primerizo en besar a la muerte. Cuando sentí la inercia de sus labios creí que sería nuestro último beso, pero no fue así. Los encuentros siguientes fueron en el bosque, a ella le encantaba aquel sombrío lugar, siempre se tumbaba sobre las hojas de los árboles ya desnudos y miraba al cielo, luego me miraba a mí, esbozaba una sonrisa y me hacía el hombre más feliz de la tierra. Recuerdo que su poeta favorito era Baudelaire y hace años que no puedo leer una poesía suya sin llorar por Lorely. El día que murió estaba preciosa. Yo había pasado unas semanas en la capital y mi distancia había hecho estragos en su frágil vitalidad. Cuando llegué apresurado por los ruegos de su madre que decía que mi niña había enfermado y no se levantaba de la cama, me la encontré con la mirada perdida. La cogí de la mano y sonrió, dijo que quería que la hiciera inmortal en mis recuerdos, que jamás la olvidara, que escribiera sobre ella, que compusiera sobre ella, que no llorara su muerte o su pérdida, dijo que me amaba, dijo que se moría de amor y entonces se desvaneció en mis brazos y nunca tuve consuelo. Contesté a sus finales palabras con una sencilla frase: ‘Mi dulce Lorely, tú eras mi paraíso y allá donde vayas lo harás un lugar donde ser feliz.’ Lloré su pérdida hasta la deshidratación de mi alma. Y hoy me armé de valor para escribir sobre ella. Firmemente creo que Lorely ahora es feliz, pero que yo no lo volveré a ser jamás porque no la tengo a mi lado.

jueves, 7 de marzo de 2013

Autodestrucción

El viento me da fuerte en la cara, como si estuviera enfurecido conmigo, aunque ya no siento ni el frío, porque llevo demasiado tiempo perdido aquí fuera, fumándome un cigarro tras otro.
Ahora ya no fumo Marlboro, ya es Chester, ya no le fumo a él, me fumo mi vicio, mi ansia, mi pena, mi dolor. Me fumo a mí misma.
Ya no visito esos sitios con cierto encanto, prefiero algo ruinoso y donde el dulce sonido de los goterones al caer en el charco irrumpen el silencio.

Me siento mal conmigo misma, y aunque fui yo la que acabó con todo este dulce sufrimiento que me destruía por dentro, siento que me he decepcionado,  me siento inútil, y tonta, porque he sido tonta, y confiada, aún jurando que nunca sería así, que nunca caería en esa jodida trampa. Y no me hice caso, no hice caso a la razón, me dio igual las consecuencias que más tarde llegarían, y donde “más tarde” se convierte en mi presente, y ahora ya no es eso lo que me destruye, ahora es una autodestrucción.
Solo quedo yo, y yo  misma. Ni mis principios sobrevivieron a todo esto, y  aún sigo aquí porque siempre dije que querría morir plácidamente, pero  un siempre no existe, y yo digo demasiadas cosas, que con el viento que hace hoy, las palabras se esfuman fácilmente.

Cioccolato Nero (@fatimafva)

miércoles, 6 de marzo de 2013

Thirteen Thirty Five.

Me siento tan pequeña frente a ti, mataría por tener diez años más y que me tomaras en serio. Veo como se va avivando la llama de tu cigarrillo con cada calada, te pediría uno pero, como siempre, la respuesta sería que soy demasiado pequeña para estas cosas. Desde que te beso la boca ya no me sabe igual, me sabe a veneno y a noches sin dormir, desde que me desnudas lentamente ya no soy la misma, soy un pedacito más de ti. Cada vez que me miras  mis deseos de irme de aquí a esconderme contigo en cualquier parte aumentan y me muero todos los días de tu carne hambrienta. "Niña, no llores". Pues no te vayas, por favor, no te vayas, y si te vas llévame contigo, juro estar callada. "Llenas de tu risa cada estancia". ¿Entonces por qué te marchas? Hombre de ojos tristes, tus sonrisas están contadas, si me dejas aquí, ¿cuándo reirás? ¿cuándo acariciarás tiernamente mi cara? No puedes hacerme esto, sabes bien que no volverás. ¿Piensas dejar que me consuma como si nada? Me fumaré tu ausencia envenenándome como haces tú ahora, ¿eso te gusta? Te gusta mi fragilidad, ¿por qué? ¿porque puedes jugar con ella? Oh, pequeña, obediente, manejable. Yo ya estoy harta. Márchate, ahora soy yo la que te lo pide. Siempre nos quedará el "fue divertido" agarrado entre los dientes y la rabia apretando a la razón. Si me dejas aquí, estoy convencida, de que no volveré a sentir.

Fdo: Chocolat Blanche (@Lau12Primavera)


Ínstame 
Una historia empieza con un buen principio, sin embargo yo no tengo buenos principios, solo malos finales.
-Hijo de puta.
-¡Valeria, déjame explicarte!
-Sí, explícame cómo le gusta que se lo hagan a tu amiga, a mi mejor amiga.
Infernal día en el que desee morir, o más bien matar a aquellos dos extraños, porque al fin y al cabo son extraños, que me han estado engañando todo este tiempo, y es lo que me lleva a preguntarme, ¿qué hago aquí?, no es necesario responderme, simplemente porque no tengo respuesta alguna que darme.
Quiero creer que tengo un motivo por el que quedarme aquí y seguir fingiendo que todo está bien, cuando no es más que una vida llena de problemas, deudas que no puedo afrontar, y donde mi inspiración se ha ido al traste. Echarme de la agencia de publicidad ya no era uno de esos sorprendidos problemas que me da la maravillosa vida que quería hacer ver en los spots que creaba. Mi sueño siempre fue ser mi propia jefa, supongo que como el de todas y cada una de las personas españolas, que por casualidad no se hizo realidad.
-Valeria, sé que siempre podré estar orgullosa de ti.
-Y yo haré que lo estés, mamá.
Y ahora mírame mamá, tú que descansas ahí arriba, placidamente, mientras yo me consumo en la sociedad sin poder afrontar ni un pago más del alquiler, y sentada en unas escaleras cualquiera, a plena luz de la Luna, fumándome un último cigarrillo que encontré aquí en mi bolsillo, porque la caja, como siempre, se me quedó en casa, dónde estaban  aquellas dos maravillosas personas a las que apreciaba tanto, destrozando mi cama por puro placer. Quisiera recordar buenos tiempos, en los que mi única existencia de preocupaciones era ahorrar un poco para pagarme algún que otro caprichito con el dinero de la paga que me daban todos los domingos, pero ya están tan lejanos que casi no los puedo ver, ni siquiera  encontrar por mi mente, se han esfumado como el humo de este cigarro.
-Odio que fumes, Valeria.
-Pesada criatura, ¿quieres tumbarte aquí conmigo a disfrutar este maravilloso día de lluvia?
-No sé cómo te pueden gustar estos días así, además tengo trabajo.
-Solo hay que problemas en mi vida, intento ver algo bueno en todo esto.
Siempre mintiendo, siempre. Y yo viendo el lado bueno de las cosas, pues cada vez me hundo más en la miseria y me es más difícil. Quiero creer que algún día no habrá nubarrones que tapen la Luna y haya un cielo oscuro totalmente despejado, pero ahora intento limitarme a seguir adelante como puedo, y si es verdad que estás ahí arriba cuidándome, mamá, solo te pido que me des fuerzas, fuerzas para no pensar que la mejor estancia en todo este mudo es la de volver a tu lado y no seguir aquí abajo con el resto de mortales como  lo soy yo, todavía.

(Basado en  Bajo vendas)

Cioccolato Nero (@fatimafva)

lunes, 4 de marzo de 2013

Humo. Parte cuarta. (Y última)

Jonhy Depp
Me quedé mirando el cenicero. Me quedé callado y sin decir nada, recreándome en mi decadencia como de costumbre, me quedé observándola en el escaso humo que salía de mi cigarro y allí me perdí. Decidí volver al grupo sin dejar los estudios, sacando las fuerzas de un momento de serenidad antes del próximo porro. Me decidí a escribirla para irla sacando de mí. Jamás iba a olvidarla pero tampoco esta autodestrucción era necesaria. No, nadie, ni siquiera ella, se merece mis últimos alientos. Siempre fui así, ¿pero tanto? Ya estaba bien. Me dediqué unos últimos minutos para extrañarla, deshaciendo mi mono de ella en el whisky en la botella. Mojé mis dedos y los paseé por mis labios, cerrando los ojos, pensándola, pensando su forma de sonreír provocándome y su irresistible inocencia. Me dejé llevar por su ausencia, un poquito más. Quería quedarme así, recreándola en mi memoria. Brigitte, Brigitte. 

Fdo: Chocolat Blanche (@Lau12Primavera)
Orgullo

A menudo esas personas a las que queremos, nos defraudan. Pero lo que no pensamos es que, ¿y nosotros?, ¿también lo hacemos?
Somos egoístas y no vemos que les hacemos daño a los demás. Y si nos damos cuenta, no queremos reconocerlo.
Queremos cambiarlos, queremos modificarlos a nuestra manera y no los aceptamos tal y como son.
Quizás no lo hagamos intencionadamente, y quizás sean cambios minúsculos que ni si quiera se den cuenta ellos mismos. Pero a veces, hacemos daño. Sí, dicen que hay que tener orgullo, pero hasta un cierto punto. Te sobrepasas, e incluso puedes dejar de hablar a esa persona a la que tanto aprecias. Puede que simplemente dure unos días, o ni siquiera un par de horas, pero también puede alargarse y convertirse en años. ¿Por qué dejar pasar tanto tiempo sin disfrutar de su compañía?, ¿por orgullo? Esas personas no son orgullosas, son egoístas, y no son capaces de ponerse en el lugar de los demás, solo en su propia piel, quizás porque no quieran verse como culpables, no tienen humildad, no. Porque saben que han actuado estúpidamente mal.

Cioccolato Nero (@fatimafva)

viernes, 1 de marzo de 2013

Por qué tan bella y tan perdida.

Me contó que el cielo allí era amarillo y que los ojos de la gente estaban hechos de cal. Me dijo que no existía la música en aquel lugar. Le pregunté: ¿Y cómo sobrevives? Ella respondió: Corrí hacia el negro mar, cogí una caracola y la escondí bajo la cama, se la llevaron las ratas blancas y me eché a llorar, no sabes cuán reconfortante fue que mis lágrimas supieran a sal. Desde entonces, voy toda las noches al puerto, cuando vuelvo la vista, gracias a la oscuridad ya no veo el humo que invade el pueblo, ni siquiera se perciben las chimeneas de las fábricas si no hay luna. Y soy un poco más feliz. Un día llegaste tú mientras yo paseaba por aquí, me tumbé en la arena y hundí mis manos en ella, tu brisa rozó mi pelo cuando pasaste detrás de mí. Te dirigías a uno de los barrios más ricos, me preguntaste la dirección, ¿no te acuerdas? Sonreí tontamente al indicártela y nuestras manos se chocaron cuando señalaba el lugar. Me miraste como nadie jamás lo había hecho y susurraste: Enséñame dónde vives tú. Y señalé el mar.
La miré entonces a sus ojos azabache preguntándome por qué tan bella y tan perdida.


Fdo: Chocolat Blanche (@Lau12Primavera)