Ante la ventana. Mirando mi reflejo en el cristal, un tanto
extraño, pues la soledad se refleja en mis ojos. Más allá de mi rostro se puede
contemplar el horizonte, pero no cual bello paisaje de película.
Esta rara mañana, me siento más viva que nunca, no como las
secas flores que se aprecian tras el lago, no como ella.
En realidad no tengo la certeza de qué sucedió la pasada
noche. Todo está un poco difuso en mi mente.
Me encuentro en esta habitación, y aunque no sea la primera
vez, sé que será la última.
Ahora, solitaria como nadie, únicamente se encuentra mi
cuerpo sobre la rojiza moqueta, con apariencia de suicidio, como con ansias de
traspasar el cristal. Pero no, meramente contemplo el paisaje, y ni siquiera derramo una lágrima por su ausencia. Qué sensación de placer.
Aún quedaban manchas
oscuras por la habitación, incluso
llegaron a mi camisa escurriéndose hasta mis pantalones.
Alba se quedó bastante sorprendida, y sé que en ese momento
sentía decepción. Quizás no debería de haberme implicado tanto. Y aunque el
dolor sea mayor, la satisfacción también. Ahora mi sed está saciada, pero mi
ansia volverá, y volveré a seducir, y volveré jugar.
Ante la ventana, miro aquel profundo lago, el cual te incita
a perderse en sus aguas.
Ella ya se habrá perdido. Probó esa sensación, la sensación
de estar viva eternamente.
Quizás fui rápida o ella demasiado lenta, aunque sé que si
pudiera me daría las gracias, porque mejor vivir eternamente que morir poco a
poco, o mejor morir deprisa que vivir muriendo.
Sin embargo yo prefiero torturarme un poco más, o vivir
torturando a los demás. Solo me basta con saciar mi sed, y ella ya sació mi sed
de sangre.
Cioccolato Nero (@fatimafva)
