martes, 2 de julio de 2013

¿Acaso podemos evitarlo?

Vosotros, los poetas, siempre tenéis algo que decir, mientras el resto nos enmadejamos de ideas y no sabemos cómo contarle al mundo lo que se nos pasa por la cabeza, vosotros hacéis que parezca fácil. Pero no es fácil, ni siquiera es necesario, no hay nada que nos podamos decir los unos a los otros que tenga especial relevancia, sin embargo un beso, una caricia, una puñalada, un impulso imparable, hablan por sí solos. Nuestros actos hablan por sí mismos, ¿para qué tantos versos entonces? A lo mejor estoy intentado transmitir algo que me viene grande y muy probablemente las palabras jueguen conmigo a ese ridículo juego del que vosotros sois experimentados vencedores. ¿Para qué intentamos salvar al resto? Para compensar la impotencia de no poder cambiar las cosas, tan astutos los rebeldes como los mediocres y todos enterrados en el mismo vecindario. Vosotros sacáis partido de la miseria, unos evadiéndoos de la misma y los otros retratándola; vosotros, los poetas, sois unos aprovechados disfrazados de atormentados. Yo también escribo y también tengo algo que decir, pero ¿acaso importa lo que digamos? No podremos suplir lo vacíos que estamos. No sabemos dejar de estarlo, tal vez nacimos para darnos cuenta lentamente de que no nos queda nada  a lo que agarrarnos. ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir buenos orgasmos? ¿Por qué lo llaman felicidad cuando quieren decir todo arreglado? ¿Por qué los llaman problemas cuando quieren decir realidad? El romanticismo no ha muerto; nunca existió. Siempre hay algo detrás de todo esto y siempre hay alguien detrás de nuestros impulsos. Me siento de toda inspiración abandonada y vosotros, pedantes y ripiosos nunca dejáis indiferente. Os odio, a vosotros, los poetas, os odio. Tenéis la labor de un loco y nos queréis arrastrar con vosotros. ¿Cuántos seducidos por la belleza nos hemos lanzado a experimentar con unas torpes letras? Yo la primera, sin duda una inexperta que por fin se ha dado cuenta de que solo somos unos lamentables rebeldes que acabarán envidiando a los conformistas mediocres cuando ellos tengan una cena caliente y dónde dormir mientras nosotros buscamos calentarnos en los labios que nunca nos quisieron besar, en las letras que nunca debimos escribir, en las velas que se nos olvidó apagar y en las pocas ganas que nos quedan de vivir.  

Fdo: Chocolat Blanche (@Lau12Primavera)