viernes, 18 de octubre de 2013

Eterna.

Ante la ventana. Mirando mi reflejo en el cristal, un tanto extraño, pues la soledad se refleja en mis ojos. Más allá de mi rostro se puede contemplar el horizonte, pero no cual bello paisaje de película.
Esta rara mañana, me siento más viva que nunca, no como las secas flores que se aprecian tras el lago, no como ella.
En realidad no tengo la certeza de qué sucedió la pasada noche. Todo está un poco difuso en mi mente.
Me encuentro en esta habitación, y aunque no sea la primera vez, sé que será la última.
Ahora, solitaria como nadie, únicamente se encuentra mi cuerpo sobre la rojiza moqueta, con apariencia de suicidio, como con ansias de traspasar el cristal. Pero no, meramente contemplo el paisaje, y ni siquiera derramo una lágrima por su ausencia. Qué sensación de placer.
 Aún quedaban manchas oscuras por la habitación,  incluso llegaron a mi camisa escurriéndose hasta mis pantalones.
Alba se quedó bastante sorprendida, y sé que en ese momento sentía decepción. Quizás no debería de haberme implicado tanto. Y aunque el dolor sea mayor, la satisfacción también. Ahora mi sed está saciada, pero mi ansia volverá, y volveré a seducir, y volveré jugar.
Ante la ventana, miro aquel profundo lago, el cual te incita a perderse en sus aguas.
Ella ya se habrá perdido. Probó esa sensación, la sensación de estar viva eternamente.
Quizás fui rápida o ella demasiado lenta, aunque sé que si pudiera me daría las gracias, porque mejor vivir eternamente que morir poco a poco, o mejor morir deprisa que vivir muriendo.

Sin embargo yo prefiero torturarme un poco más, o vivir torturando a los demás. Solo me basta con saciar mi sed, y ella ya sació mi sed de sangre.

Cioccolato Nero (@fatimafva)

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